Era tal vez la parte más difícil
o la más dura de creer,
el cielo se tiñó de negro
y las nubes inundaron su piel.
Se acabó el tiempo
se terminó la función,
se buscó al mayor artista
pero este no apareció.
Le reclamaban todos los guiones
improvisados y al momento interpretados,
por su magistral lucidez
ya estaban aburridos y cansados.
Le pedían que se dejase de airones
o de cualquier absurdo giro argumental,
pues ya no era válido
ni tan solo una vez más.
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