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martes, 8 de noviembre de 2016

Co-incidencias

       Dejó las gafas en el escritorio encima de los papeles y se fregó la cara insistentemente para tratar de despejarse. Recostó la espalda sobre el asiento y suspiró largamente; hacía rato que notaba una ligera molestia en la frente y sabía que tarde o temprano le iba a volver a dar otra jaqueca. Parecía como si tuviese que venir siempre anunciada por un largo preludio de empañamiento mental para luego hacer acto de presencia por todo lo alto. Trató de tranquilizarse, no quería volver a tomarse la medicina y quería intentar paliar ella misma, o resistir al menos, los efectos de la neuralgia; en parte porque si se tomaba la medicina la tarde acabaría dado que tendría que acostarse hasta dios sabe cuándo. Empezó a agitarse su respiración con el primer pinchazo y casi automáticamente cerró los ojos apresuradamente como si tratara de protegerse de algo externo. Se agarró a la silla con insistencia y trató de mantener la calma que se había propuesto. 

       Seguía viendo aquella marabunta de textos que presentaba la pantalla de su portátil cuando lo empezó a notar: un pinchazo intenso le había atravesado, sin aviso, la cabeza como si le hubiesen clavado un aguijón ardiente. Apartó el teclado y se tumbó en la cama: parecía estar dándole una migraña y que el detonante podía ser, seguramente, la carga de trabajo que había tenido durante la tarde. Nada había anunciado su presencia pero allí estaba; descargando una aguja sobre su sien que poco a poco notaba descender hasta los ojos y luego expandirse hasta el centro de su cabeza. Empezó a sentir náuseas

      Empezó a sentir náuseas a la vez que a maldecirse por no haberse tomado la medicación antes. Ahora tendría que hacer el esfuerzo de levantarse para coger esa pastilla que acababa tanto con la migraña como con ella, al menos por un par de horas. Trastabilló un poco hasta llegar a la mesa donde las había dejado al llegar del trabajo, ya que prácticamente no podía ni abrir los ojos. Tomó una de las pastillas y se la tragó sin agua; no se creía capaz de llegar hasta la cocina. Se echó en el sofá y trató de reprimir las arcadas que empezaba a sentir ascender por su garganta en forma de tos, mientras se maldecía por no haberse dejado un cubo al lado. La pastilla tardaba en hacer efecto y su estómago parecía

      Parecía haberse revelado en un arrebato de angustia, bilis trabada y pequeños impulsos en su esófago. Estaba claro que tenía que levantarse de la silla y llegar al baño antes de que dejase su habitación perdida. Trató de imponerse al mareo y se levantó apoyada en la pared de enfrente, trastabillando y dándose con todos los objetos que encontraba a su paso. Cuando consiguió llegar al baño, la saliva se le había convertido casi en una pasta que no conseguía mantener a raya. El primer intento fue fallido pero el segundo 

     El segundo consiguió desviarlo fuera del sofá hacia el suelo, pero por suerte tampoco salió nada. Se sentía cada vez más pequeña y notó que un par de lágrimas le resbalaban por las mejillas a causa de las arcadas. Aunque pronto sintió

     Sintió que todo se le adormecía, le pesaban aún más los ojos y tuvo que apoyar la cabeza contra la taza del váter. Hizo el esfuerzo de levantarse pero sentía su cuerpo adormecerse, motivo por el que le costó incluso más llegar a la habitación. Se tiró en la cama boca abajo

     Se puso boca abajo en el sofá tratando de contener los últimos intentos de su estómago de echar la comida a perder. El sueño cada vez iba ganando más y más terreno y la jaqueca parecía quedar en atrás. Casi se estaba dejando llevar por el sopor, dejando a un lado el dolor que parecía haber pasado a un segundo plano. Solo trataba ya

    Solo trataba ya de dormir, era la única alternativa que parecía haberle quedado, aunque eso significase echar a perder el resto de la tarde. Aquella repentina modorra no hacía más que acrecentarse, casi como se se hubiese tomado un somnífero

      Un somnífero que la dejaba fuera de juego. Seguía tosiendo y sintiendo náuseas, pero el dolor se alejaba lentamente. Cerró los ojos con más fuerza

     Y consiguió

     Dormirse.


(Se rompe)

      Seguían hablando a pesar de ser las 12 de la noche de un domingo; como si quisieran dilatar el momento de descanso al máximo o, al menos, vivirlo conscientemente. Él le besó el cuello de repente y, sin querer, ella se sobresaltó. Giró la vista hacia su boca y correspondió la llamada, aún con la respiración agitada. Se dejó caer sobre el borde del sofá sin separar su boca, aferrándose al borde para no caerse y tratando de deshacerse del mando que aún sostenía desde que había apagado el televisor. El olor que desprendía

     El olor parecía no tener dueño: había llegado de repente mientras acababa de revisar su correo y no era capaz de reconocerlo. Pensó en alguien de su familia, pero no recordaba que nadie utilizase esa... ¿colonia? No sabía si podía llamarlo como tal, pero pertenecía a un hombre; además, a esas horas todos deberían estar durmiendo en casa. Se asomó por la puerta para comprobar que, efectivamente, no había nadie despierto y volvió a cerrar la puerta

    Volvió para cerrar la puerta de la habitación. Se echó sobre la cama ya con poca ropa y esperó a que él volviera del baño. Cuando se dejó caer, se agarró a él con insistencia; casi como si se le fuera a escapar en cualquier momento. Tuvo el impulso de arañar su espalda, pero solo se quedó en un leve apretón a sus hombros. Sin ser casi consciente, se había ido quedando sin prendas que

     Sin prendas que la cubriesen. Impulsada por el olor, se había ido quitando la ropa para comprobar si salía de alguna de las prendas, pero no era así. Sin embargo, el olor parecía disiparse lentamente, como si la persona, el objeto se hubiera marchado. Respiró aliviada pero entonces lo volvió a sentir y tuvo que echarse sobre la cama para tratar de contenerlo entre sus fosas nasales. Sin querer, había abierto

     Había abierto las piernas como otro acto inconsciente; su respiración se había estado acelerando poco a poco hasta llevarla al estado justo en el que controlaba mínimamente sus impulsos. Cerró los ojos y se dejó contaminar por las embestidas

     Por las embestidas de aquel aroma. Casi no podía contener el aliento y poco a poco se había ido retorciendo por la cama hasta quedarse boca abajo. Su mente era una lucha constante por mantener la calma y tratar de encontrar el foco; pero no podía

      Pero no podía seguir conteniéndose; separó más las piernas y se permitió clavarle las uñas y los dientes

      Y los dientes a la almohada. No sabía cómo

      pero había

      llegado.


(Se ha roto)



Como si 
las líneas se estrecharan
y los caminos se
acercaran hasta
volverse perfectamente
paralelos.

Paradojas.

domingo, 1 de mayo de 2016

Valiente

Poned play a Valiente - Vetusta Morla (abajo el vídeo):

         En el suelo, aquella dualidad sigue recostada en la piedra. El sonido de sus latidos disimula el ruido de sus pensamientos, aunque aún son audibles:

-Tras de mí una escena y diez mil frases que repetir...

         A un lado, Ella, se mueve y se acaricia el torso. Aspira profundamente:

-Yo no voy a contar lo mejor, a ocultar lo peor...

        Con los ojos abiertos y la boca entrecortada, susurra cosas que, al final no acaba de comprender. La cabeza a un lado y el cuerpo al otro, repasando sus curvas y aprendiéndose de memoria el compás de una vieja cantinela "Al revés, al revés". El leve murmullo se hace patente en las dos:

-Ser valiente no es solo cuestión de suerte.

          Hasta que acabe, hasta el final de sus días. Sin embargo, no hay tregua: se levantan, el corazón estalla en una arritmia pesarosa que acaba por deformar su cielo. Un pie, y otro hasta situarse de nuevo erguidas. Y la carrera se vuelve a inaugurar. Ella la sigue hasta que se encuentra con una pierna que la hace caer echando a correr automáticamente.  Se levanta inmediatamente y sigue corriendo. 

       La Otra, escondida en la siguiente esquina, al pasar, la persigue. Se mete en callejones para tratar de alcanzarla hasta que se topa con su rostro, inhumanamente expresivo. Los tobillos dan media vuelta y empieza, de nuevo, la carrera al revés. Ella la sigue incansable sin poder atraparla aun con un impulso harto envidiable. Acaba escondiéndose tras la primera puerta que encuentra dejándola pasar, observando como se ha detenido en el centro de esa calle y se apoya en sus rodillas. De pronto la oye gritar:

       -¡A veces no soy yo, busco un disfraz mejor.... Disculpa mi osadía!.

       La Otra, para sí misma:

      -Piensa que ya no estoy, que el eco no es mi voz...

      La vulnerabilidad la atrapa y siente su posición más débil que nunca. Necesita arrancar de nuevo a correr y sale por la misma puerta ante los ojos de Ella. El destello de la calle se sitúa justo en sus ojos y la vuelve hacia atrás viendo aquella sombra caminar en dirección contraria. Se detiene y reanuda la marcha en sentido contrario: 

      -¡No es solo cuestión de verte!

      De repente desaparece de su campo de visión, pero no deja de correr. Izquierda, derecha, zigzaguea buscando algo que quiere, por encima de todo, apartar de su vida.  Nadie, absolutamente nadie de los que están a su alrededor consigue detenerla a pesar de situarse delante de sus zancadas. El final del callejón es lo único que consigue detenerla, pero vuelve a escuchar la maldita voz:

      -Mejor aplaude y vámonos.
        
      De nuevo, la histeria la atrapa y necesita huir de allí. Mira a todos los lados sin conseguir encontrar la salida, tan solo ve paredes que parecen aproximarse lentamente y una figura que, a lo lejos, se acerca atropelladamente. Corre hacia Ella y, al pasarla de lado, se le engancha en la pierna. No se detiene: sigue corriendo hasta que en un acto de pura rabia da una patada que consigue soltarla. Un único coche pasa justo en el momento en el que iba a cruzar la calle y siente como se abalanzan sobre Ella:

     -Deme la voz... deme la voz....

       La Otra trata de resistirse en vano, ella le desgarra la camisa, mientras mantiene sus manos  firmes en el suelo; se deshace de sus pantalones y de toda su ropa interior y en ese momento la suelta con lágrimas en los ojos:

     -Te perdí en esta función.



       

lunes, 14 de marzo de 2016

Reflexiones a las 2 de la madrugada

Hacía tiempo que, hasta altas horas, no me quedaba despierta con este maldito cacharro encendido; escuchando una maldita canción que Caro me ha recordado (gracias, cielo). Llevo unas cuantas horas este fin de semana viendo debates y debates mezclados con las 3 primeras películas de Star Wars que, parece ser, han provocado una coctelera en mi cabeza de tres pares de cojones (por cierto, me tilda como incorrecta la palabra"cojones" el corrector ortográfico: censura). Y, como me aburro como una ostra y no tengo muchas perspectivas de dormir (y paso de seguir viendo más debates porque me estalla la cabeza), pues vamos a hacerle un soliloquio a la gente que entre en este lugar y ya veremos en qué termina.

Recapitulemos, acontecimientos importantes de este temprano 2016: La incertidumbre política nunca vista en España (mentira), aniversarios de despedidas (y dale), casos de corrupción (again and again), consolidación de relaciones y de economía (je, je. Lo siento Paco), nuevos horizontes con la fotografía (ahí vamos, aprendiendo) y, por último, nuevas formas de escribir y de pensar: que me importa tres pares de narices la sensibilidad de cierta persona que, honestamente, se acordará vagamente de que yo escribo.

Hablo muy en serio: desde que empezó mi historia de locos (mía, sí, solo mía y de nadie más; ni siquiera de ella. O eso dice) parece que el código del silencio se impuso en todo aquello que escribía. Claro, como era ella y precisamente ella una de las principales implicadas, cómo iba a atreverme, santo dios, a predicar mis vivencias deformadas, si ni siquiera era capaz de mirarla a la cara muchas veces. Y mira que me sentí tremendamente inhumana, monstruosa, frente a todo aquello (¿Tan malo es?); no quiero ni pensar lo que hubiese pasado si me hubieran dejado rienda suelta a mi libertad de expresión. Me encierran, mínimo, con finalización de contrato inmediato.

Y ahora, quién te ha visto y quién te ve, soy yo la que grita por poner NOMBRES aunque me siguen amarrando al terreno de lo políticamente correcto. Tal vez en unas horas más prudentes y sin achaques de insomnio y arritmias diría otra cosa, pero me toca la moral ese decoro que debo de tener cuando no se me ha concedido ni la deferencia de librarse de mí mirándome a la cara. Pero, remitámonos al mensaje: eres una más. QUE NO SE LE OLVIDE A NADIE, Y MENOS A MÍ.

Viendo la deriva que toma esto, no puedo hacer sino cerrar esta pataleta patrocinada por las recomendaciones de twitter (que conste, que me han provocado). Quiero terminar esto diciendo que, seáis mayores, pequeños; tengáis mi edad o me saquéis 20 años, lo mismo da; seáis altos o bajos, guapos o no, inteligentes o no, da igual lo que seáis; pero quiero deciros que, la vida está para vivirla: nos equivocamos muchas veces, más de las que querríamos, nos encontramos con marrones que no esperábamos, con puertas que no se abren y que no dejan ni ventanas para respirar, con injusticias que no se pagan (no, moza, no se pagan: "meec, error"), con toda esa mierda que en definitiva nos rodea. Pero, si tan solo un segundo, si tan solo un instante, dejamos de anestesiarnos con sueños y la propia realidad nos devuelve una sonrisa en forma de instante maravillosamente imperfecto, tened presente que el resto son pretextos para llegar hasta ahí.

T con esto nada nuevo para todos, buenas noches y hasta mañana. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Refigura

          Cada uno nos construimos la subjetividad desde nuestro propio punto de vista. Era una frase que, incansablemente, la vida se había encargado de marcarle a fuego en lo más profundo de su subconsciente. Era, como le había resumido alguien en algún momento de su vida, como si cada uno se montase su propia película en la que intentas, con mejor o peor éxito, salir victorioso de cualquier situación. El chasquido de su propia lengua contra el paladar le sacó de su pequeña cávila y se centro en recogerse el pelo mientras observaba como aquel que estaba delante suya se quitaba la ropa con un movimientos bastante temerosos y, seguramente, amedrentado por su mirada tan fija en él. 

          No pudo evitar sonreír ante aquello y se levantó de la silla, adelantando un par de pasos hacia él y logrando que se detuviese. Ella se situó detrás suyo y, con un ademán que él no llegó a percibir bien, le arrancó los pantalones y la camisa. Lo rodeó desde la espalda pasándole las manos por encima de su abdomen y, pegando la comisura de sus labios a su oreja izquierda, le susurró:

-No somos lo que aparentamos, algunos- Empezó a acariciarle el muslo mientras este se estremecía.- son capaces de esconder su inocencia tras capas y capas de adulterada autoridad. Otros - Cogió sus manos y las ató con la camisa que había desgarrado.- se complacen con ver la vida pasar sin arriesgarse a nada más, dejándose arrastrar por esa corriente que llaman vida.
-¿Y tú? - Llegó a jadear.
-No te pago para que hables.- Hizo el nudo más fuerte y lo tiró a la cama.- Otros se complacen en joder a quien consideran más débil para tapar su propia debilidad. Mientras, los hay que quieren tapar sus ganas de dominar y manipular con sus buenas maneras y sus inocencias insolentes.

         Pasó la mano por su miembro, erecto más por la pastilla que el chaval tenía que haberse tomado para garantizar el servicio que por la excitación que la situación podía provocarle. Lo mismo daba, sabía lo que quería y antes de sentarse encima de él se permitió acabar su pequeño soliloquio.

-¿Lo peor de todo sabes qué es? Que lo que nos afanamos en ocultar, no es la verdad de nosotros mismos. El juego de aparentar aquello que realmente somos. 

        

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cállate

"Que sea cierto el jamás..."
-¡Cállate!


Histeria envasada
en fragmentos de instantes
que parecen diluirse
entre gotas de rabia 
incendiada de impotencia
contaminando el alma
y el hambre por reventar.

Putas ganas, putas ganas,
de querer entender
de pretender saber
comprender el puto error:
"Eres una más"

"Encuentra otra persona"
"Estoy ocupada"
Palabras encadenadas que
me dejan fuera
de lugar
"cállate"

¿Lo llevas bien, no?
"nos saludamos"
putas ganas
¡OH, MUÉRETE!

Solo si me lees, solo si lo haces
que lo dudo, muchísimo:
El que pensó el guion
debía estar enfermo
"Cállate".
Será cierto el jamás.

lunes, 12 de octubre de 2015

Redoble

        Siempre recuerdo aquel día de forma agridulce: el éxtasis conjugado en un posterior vacío, un abismo sin fondo que parecía querer romper la mismísima Tierra.

"Qué harías tú..."

    
       Respirar era una acción común que todos los días acertaba a cumplir con atino. Inspirar y expirar, sin demasiado ahínco ni demasiada desgana: un hábito normal. Pero había algo que la alteraba, algo que excitaba su ritmo y creaba arritmias en su compás, un insignificante e insulso suceso que últimamente tenía la costumbre de repetirse y de generarle ansiedad. Aparecía: inocente, ignorante, irreverente e incluso algo diferente. Absurda. 

     No era el modelo ni el prototipo que siempre había causado su excitación, no era ni por asomo la estela de lo que ella siempre había amado destruir: ¿Qué sentido tenía humillar a alguien que ya era, por simple coincidencia del destino, inferior a ti mismo? ¿Qué valor, qué morbo, qué satisfacción podía tener dominar a alguien que ya te debía sumisión? No, no tenía sentido, ni valor, ni morbo; ni siquiera un mínimo destello de satisfacción. O no debía tenerlo. 

      Fuese como fuese, se veía arrastrada todos los días a jugar con ella: fingía interés, que la apreciaba y de pronto se apartaba dejándola en la estacada. La atraía a su red hasta que conseguía atraparla para dejarla allí sin comérsela, abandonada, sola y sin esperanza de que ese tormento terminase. La balanceaba entre su telaraña, liberándola y enjaulándola a partes, a mitades; sin decidirse. ¿Acaso no era lo mejor que sabía hacer?

        Aquel día se sentía sumamente nerviosa y, por ende, en su cuerpo estallaba la necesidad de doblegarla y retorcerla hasta que suplicase clemencia. Sin embargo, sus ganas siempre estaban sometidas a la situación y guardaba la compostura delante del mundo mientras su excitación no hacía más que ir en aumento. Cuando, por fin, se quedaron a solas, se lamió los labios de forma inconsciente mientras disimulaba su interés en las pisadas de ella que se acercaban tímidamente.

            Escuchó sus labios clamando su favor para que le ayudase “¿Puedo enseñarte esto?”. Casi con entusiasmo descafeinado cogió el papel y fingió leerlo a desgana, mientras por su mente pasaban mil y una formas de machacar el ego febril de la que tenía delante. Sin levantar la vista del folio le dijo:

-¿Hacías esto mientras me ignorabas, cierto?
-Yo… supongo… no…

        Ya había empezado: ella tartamudeaba insegura, tambaleándose y, seguramente, pensando alguna excusa para ganarse su favor. Pobre niña estúpida.

-- Deberías ser menos altanera y preocuparte por rendir bien. ¿No fuiste tú quien tenía ganas de trabajar aquí?
-Sí, tienes razón, pero...
-¿Crees que siempre te salvarán tus buenas formas y tu capacidad de improvisación? Habrá un momento en el que no puedas echar mano de tus dones.

        Sintió como ella empezaba a retroceder y a perder las ganas de impresionarla, algo que provocó un escalofrío de placer en su nuca. No la había mirado directamente desde que se había acercado y sin embargo la observaba de reojo mejor que nunca: los mismos pantalones, la misma camisa, las mismas botas, las mismas gafas cubriendo unos ojos asustados de ella. Absurda, vulgar, insolente; demasiado atrayente.

-Creo... creo que...
-¿Crees, qué?
-Yo...- La veía tartamudear mientras no dejaba de fijar su vista en el papel. No quería darle importancia, no quería darle nada; sin embargo, adoraba verla allí, casi arrodillada tratando de complacerla.- Creo que tienes razón.
-Por supuesto.

-Lo siento.
-No tengo tiempo para estas tonterías. Esfuérzate más.

            Sí, eso esperaba; quería, necesitaba que ella se sintiese culpable de su reacción, pidiéndole compasión como hacía ahora mismo. Sonrió para sí mordiéndose el labio inferior: desde hacía días sentía la ansiedad de destrozarla no solo por dentro, sino por fuera, tenerla a su merced en cuerpo y alma. Se llevó la mano al muslo y se lo apretó con fuerza, tratando de calmarse y de razonar.

-Sí, me debes esa disculpa. Podríamos quedar.- Le encantó el brillo que apareció en los ojos de ella cuando pronunció esas palabras.
-¿Quedar? Sí, sí, cuando quieras.
-No, mujer, cuando tú puedas.

            No iba a concretarle la fecha y probablemente no quedaría con ella fuera, aunque se muriese de ganas realmente. La observó por primera vez de frente, inyectando la mirada en sus ojos y denotando un interés falso y verdadero al tiempo que no podía más que causar la confusión que ya se reflejaba en ella. Siguió apretándose el muslo con fuerza mientras trataba de coger fuerzas para marcharse.

-Ya me dirás algo, tengo que irme.
-Sí, hablaremos de esto.
-Claro.- Se giró de espaldas y se adelantó hacia la puerta mientras la dejaba atrás, sonriendo por fin abiertamente segura de que esta no la veía.
-Te escribo y te lo digo
-No lo dudes, mi vida.

        Un último golpe mortal: la tenía de nuevo a sus pies.


PD: "Narcisismo es lo que impera."
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"Acojonada, intimidada: muerta de miedo. 
Se acordaba de su cara, 
no podía dejar de esconder la sonrisa. 
Caminaba por el pasillo absorta
en sus pensamientos, 
se lamía el labio inferior, 
se lo mordía atrayéndolo a su boca.
Cada vez más adentro

Sigue caminando, 
con la piel erizada
deseando encontrársela hoy, 
pensando cómo ilusionarla, 
enamorarla 
para luego, 
impúdicamente rechazarla, 
repetidas veces

Seguía acordándose de ese día: 
la sensación vertiginosa
recorre toda su espalda cuando la deja
entre las cuerdas, 
empotrada en una pared, 
sin salida. 

No importan las miradas, 
la excitación sigue creciendo 
con el peligro de que los ojos ajenos
la vean rozando,
arañando lo prohibido. 
La ve, la mira, 
la tiene, la quiere:
Sumisa, arrodillada e inocente.
Contiene los impulsos, 
quiere hacerla explotar susurrando
palabras que encandilan,
y matan después:
Tú brillas

Lo más dulce que puede oler; 
el miedo, 
la expectativa de tenerla de nuevo 
delante y destrozarla. 
Luego, fingir 
que la vuelve a recomponer
para exterminarla sin piedad,
otra vez

Amparo Alemany Martínez"


domingo, 4 de octubre de 2015


Conté hasta tres para escapar,
busqué la estela hasta un altar,
vi discutir al yin y al yang
apuñalarse por detrás
y oí gemir y vi llorar
como las fieras sin domar
y justo allí dormías tú...

PD: Sin confesarte el modo
de ser testigo en tu festín.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Punto y final.

       Supongo, creo, que en algún momento todo llega a su término. Es inaudito todo el tiempo que llevo metida en esto, todo lo que ha sucedido y todo lo que no aconteció -me remito cada noche a eso precisamente- y que se incrustó tan hondo en mis pensamientos que no puedo, aún hoy, sacarlo de ahí. 
       Tengo más de 900 letras escritas entre poemas, relatos y demás historias que podrían llevar TU nombre de título -aquel que siempre ha sido un tabú, y que me jodía las rimas más de una vez por no poder ponerlo. Aunque guardo los originales-; la gran mayoría publicadas aquí -lugar que no frecuentas, una lástima-, además de todas aquellas cosas que guardo escritas en mi libreta -que un día te entregué por error, ¿Recuerdas?- y que, en parte, nunca he mostrado ni quiero mostrar.
       Y es así como la ironía sigue su curso: te escribo como si de verdad estuvieses frente a mí -aunque ambas sabemos que estaría tartamudeando y diciendo cualquier estupidez antes que todo esto- y, lo que es peor, como si de verdad fueses a leerme. Pero nada, me emperro irremediablemente. 
      En algún punto todo llega a su fin, para qué engañarnos: estoy cansada, asqueada incluso, de perseguir un fantasma que ni siquiera se acuerda de quién soy. Aún así, no puedo negar que has sido -y eres, para qué engañarnos- lo más literario que me ha sucedido nunca.

     Como bien rezó ÉL -que, por cierto, ya sé quién es- tres palabras lo recitan

NEVER KNOWS BEST


PD: La función terminó
      y aún quedó alguien esperando
      por el último acto
    "ese que ambas sabemos que no va a suceder".

domingo, 9 de noviembre de 2014

Deseos concedidos

Vivo de lo que soy 
y digo lo que no siento.
Me esfuerzo en ocultarlo.

 -Y no se te da bien.
-No tenía intención.
-¿De qué?
-De preocuparte.
-Mi dispiace.
-Incorregible.
-¿Por qué no te callas de una puta vez?
-¿Y por qué no dejas de atormentarte? ¿Y atormentarnos?
-Porque no puedo, no soy dueña de mí misma.
-Y si no eres dueña de ti misma, por qué te atreves a reclamarm...
-¡Cállate! Por favor...

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   Sin intenciones
       no se puede
deshacer.

 No me quedan versos
te fuiste
No me quedan rimas
te marchaste
No me quedan gritos
te los llevaste
No me quedan súplicas
te las quedaste.
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-Para qué tratar de continuar
             escribiendo
                     si solo salen estas cosas.

Diálogos inacabados
que desdibujan el sentido.

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Te han visto
¿Te han visto?
No, no eras tú
¿No eras tú?
¿Quien era?
Tú no, desde luego
-Mi dispiace.

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Dibujo líneas
desde el techo hasta el suelo
mirando a los lados
por si no apareces

¿Es que vas a aparecer?
    Lo dudo
        No apareces nunca.

-Deja de repetirte.
-Amén.

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No corre la sangre
que sirve de tinta
desde que te fuiste

Desde que no estás 
ninguna de estas palabras
cobra sentido.

Pero te veo
todas las noches
en mis sueños
"Nunca desapareces".

-Déjame.
-Suéltate
-No puedo.
-Toma las llaves
-Estoy atada, no puedo.
-Mala suerte.

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-Soy yo
-¿Te conozco?
-No, lo dudo.
-¿Y tú a mí?
-Aún menos.
-Más de lo que crees.

Miedo, tengo miedo
de que no te acuerdes
del rostro que acompaña mi nombre.

Miedo, siento miedo 
de que no pueda saber
cómo diantre te encuentras.


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DESEOS CONCEDIDOS.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Disparo

-Cabalgo encima de una estrella fugaz para poder apuntarte y disparar cuando no mires.
-Nunca te miro.
-Ahí estamos.


"Solo los cazadores
reconocen las mentes
perturbadas de deseo."

No era cierto aquel letrero


No hay poesía en estos días.

viernes, 31 de octubre de 2014

Niveles

          En una cafetería cualquiera estaba tomando un café mientras estaba absorta en sus pensamientos, viendo entrar y salir a la gente del recinto. De pronto, entró ella, vestida de manera informal con unos vaqueros y una camisa que le caía al lado. No la conocía y sin embargo le resultaba extrañamente familiar: no podía dejar de mirarla. Algo en su interior la obligó al terminar su café a levantarse e ir directamente hacia ella:

-Hola, he estado mirándote desde hace rato, soy...
-¿Qué?

(Se rompe)

          Su mano acarició lentamente la piel haciendo que su brazo se erizara. Un gemido. Un grito.

        
           Estaba en la biblioteca buscando aquel libro que le habían recomendado. Después de un largo rato recorriendo las salas, al final encontró la correcta. La habitación estaba vacía, pero no pareció importarle. Se dirigió a las estanterías y reanudó su búsqueda. Cuando lo encontró, las luces se apagaron y solo quedó la luz que entraba por las ventanas. Escuchó unos pasos que poco a poco se iban acercando hasta situarse detrás de su espalda.

-Te he estado buscando.
-¿Cómo?

(Se rompe)

        Ella estaba encima, mientras se mordía los labios tratando de refrenar aquella sensación que se apoderaba de todo su cuerpo. Un grito. Un gemido.


            Había ido a ver una antigua compañera. Risas, preguntas acerca de las expectativas y pocos consejos. Todo parecía continuar como si nada, como si su ausencia no hubiera afectado en nada aquel lugar. Ella se había ido, en cambio su antigua compañera continuaba allí, ofreciéndole una especie de conversación mundana que tapaba el vacío. No lo pudo soportar más:
-¿Cómo está Greta?
-¿Greta? ¿Quién es Greta?

(Se rompe)

      Sus labios se chocan y se muerden constantemente, con voracidad y sin ternura. Un gemido. Un grito.

  
         No conocía el lugar, pero no le costó encontrar la habitación en la que se encontraba. Había caminado por el pasillo observando el cristal de todas las puertas que iba dejando a un lado. Cuando la encontró, recostó su espalda contra la pared y la esperó. No tuvo que aguardar mucho, pronto ella salió por la puerta y también la vio:

-¿Qué haces aquí? No puedes hacerme esto, no puedes hundirme la vida de esta manera...
-¿Como tú lo has hecho conmigo?

(Se rompe)

       Estrujó sin piedad su seno y ella arqueó la espalda acercándose más. Un grito. Un gemido.


          Una al lado de la otra, sentadas en una mesa cualquiera mientras beben y ríen. Pero ella le da una bofetada y al instante la acaricia. La otra, tratando de recuperarse, la mira riendo y la besa pero, al instante, le da una patada en la rodilla. Ambas ríen, no dejan de reír, pero se ven lágrimas. No puede reprimirse:

-¿Hasta cuándo haremos esto?
-¿El qué?

(Se rompe)

        Y está metida en su entrepierna, mientras ella se echa hacia atrás y le aprieta su cabeza. Un gemido. Un grito.


          Están frente a frente, en un lugar que ninguna de las dos recuerda. No ríen, no hablan, son incapaces de hacer cualquier cosa que indique emoción. De súbito, ella le da un puñetazo en la cara, aturdiéndola y dejándola desorientada durante unos instantes.

        La arreprieta contra sí. Y gime.

         Cuando se recupera actúa de inmediato. Lanza un rodillazo que le da de lleno en la boca del estómago. 

        Se abrazan, se acarician, se besan, se arañan. Y grita.

         No tarda en devolverle el golpe y asestarle un codazo que la tumba en el suelo. Nota como unas diminutas gotas van resbalando por sus mejillas, pero no se detiene. 

       La invade, la penetra, la hace suya. Y gimen.

       Decidida consigue levantarse y empujarla contra el suelo. Las dos están llorando pero no pueden detenerse.
Y gritan.

viernes, 24 de octubre de 2014

Nos mantendremos en contacto.

Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia...

¿Por qué tienes los ojos rojos? -No lo sé, pero me pican.

Ya hablaremos...-Claro, yo estaré...

No he podido dejar...-... No.

¿Estás bien? -¿Eh? Sí, claro.

Si necesitas cualquier...-Gracias, tú también...

¿Puedes mirarme esto? -Por supuesto, a ver...

Estoy preocupada...-Mañana vuelvo.

Las preguntas estas... -Están bien.

Lo sabes...-¿Otra vez,...?

Y eso...-Nos mantendremos en contacto... Adiós.

Aún quedan vicios por perfeccionar.
PD: Feliz cumpleaños.

sábado, 18 de octubre de 2014

Descenso.

Mi fili veni...   

        En su descenso a los infiernos no encontró nada más que la misma imagen miles de veces, pero de mil formas distintas. Y una vez subió, todo lo que llegaba a recordar era esa misma imagen repetida una y otra vez. Beatriz estaba por todos los lados, y el sueño, su viaje, aquel cielo, lo acabó de condenar.

-Ni el mismo cielo podría perdonarse a sí mismo por lo que me ha hecho.

    Su mirada era ceniza y carbón que aún abrasaba, una especie de calor condenado a morir pero que en su mente jamás perecía. Dante no era, ni por asomo, el héroe valiente capaz de ir en busca de su amada hasta el mismo paraíso.

-Sin embargo...

    Sin embargo quería hacer algo, algo en contra de toda aquella crueldad montada sobre una idealización falsa que condenaba a los vivos y a los muertos.

-Lo haré, lo voy a hacer,...

    La sangre parecía querer escapársele de las venas y sus ojos clamaban por una solución.

-Debo hacerlo... ¡Lo haré!

     Miró al vacío que representataba su habitación pobremente alumbrada por una vela en su escritorio, luego tomó la pluma y el tintero, dejando pasar unos instantes hasta manchar los papeles que había encima de la mesa:

         
                    "Nel mezzo del cammin di nostra vita 
                          mi ritrovai per una selva oscura 
                      che'..."

 PD: Lo que nunca supo, es que tuvo el efecto contrario.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Transparencia.

Ese maldito olor...

         Se quitó la ropa como de costumbre, sin prisa, sin detenerse ni regocijarse en su belleza. Sencillamente la dejó donde siempre, en el sitio de siempre, donde le correspondía. Pero, al volver sobre aquel lugar, le asaltó. Potente, fuerte, penetrante, tanto que llegaba hasta el rincón más hondo de su olfato. Se revolvió un segundo y miró alrededor antes de cerrar la puerta de su habitación despacio.
        Acto seguido cogió cada prenda de ropa que había depositado instantes antes encima de la silla y las examinó una por una, buscando el epicentro de aquella maravillosa sensación que se iba expandiendo poco a poco por su cuerpo. Al final, se detuvo en una camisa, negra, de botones, transparente; que desprendía aquel particular aroma.
         Dejó el resto de cosas en su sitio mientras cogía suavemente la prenda, con miedo casi a que se desprendiese de la misma. Se la llevó al rostro e inspiró profundamente, volviendo a sentir al instante de nuevo la fuerza que se estaba abriendo paso a través de sus poros hasta dejarla casi extasiada. Se la llevó a la cama, junto a su almohada, y se recostó con ella encima de su cabeza, dejándose ir, totalmente, a la sensación que esta le producía.
         Al cerrar los ojos todo parecía cambiar: su mente parecía estar llevándola desde un camino angosto hasta una planicie digna del mismo Limbo. Una suerte de paraíso calmado y a la vez plagado de pecados considerados insignificantes. Ella no parecía darse cuenta de nada, tan solo de aquel leve baile que sus pulmones mandaban para sus sentidos; lejos y a la vez cerca de la realidad que se aglomeraba por todos los recovecos de su habitación.
         Volvió en sí y dejó a un lado la camisa, esperando recuperarse de aquello. Pero, sin sorpresa, comprobó que no podía rechazarlo por mucho tiempo y que, sin lugar a dudas, lo mejor era intentar dormirse con aquello entre su cara y el mundo.
          ¿Pero, cómo hacerlo, si aquella sensación la transportaba a un mundo que ni ella misma soñaba con alcanzar? ¿Cómo dormirse sabiendo lo que se deja en el plano consciente? Definitivamente parecía una locura y la situación un sueño cercano a un delirio.
          Se levantó de golpe dejando caer al suelo la camisa para comprobar si la puerta seguía cerrada. Tenía miedo - curioso- de que la vieran perdida en algo tan ínfimo como la mezcla de olores de su ropa. Buscó la prenda por el suelo y se la llevó de nuevo a su nariz. "Es ella, y a la vez no lo es,...". No sabía definirlo, pero tampoco le hacía falta; sencillamente lamentaba no poder atraparlo, guardarlo para sí indefinidamente.
          La dejó a un lado y trató de calmarse pensando en cómo diablos aquello podía llegar a sugestionarla tanto. Cómo una leve sensación podía inducirle a un estado casi de éxtasis, casi de duermevela placentera. No hallaba respuestas para nada de eso y, enrabiada, apagó las luces y se giró hacia el lado contrario de la prenda para tratar de dormir


               Aunque lo peor no era eso, ni de lejos. Lo peor era que ese olor no pertenecía a ella. Lo peor era que nunca había estado sobre ella. Lo peor, era que ese maldito olor jamás sería de ella.

martes, 23 de septiembre de 2014

Día nuevo.

[Poned Baby you did a bad bad thing de fondo]

            "...Es egoísta, altiva, prepotente. Lo sabe todo, y todo lo sabe ella. Se hace lo que manda y nada más que lo que ella ordene..."

               Sus piernas avanzan firmes y decididas por ese pasillo poco recorrido. Sus brazos cruzados sosteniendo la libreta, las gafas en su sitio, la espalda recta y la sonrisa segura. Sin miedo, camina por la sobriedad del lugar repleto de gente desconocida, esquivando e ignorando a la vez cualquier cara que le devuelva aquella curvatura de su boca.
              Todo se va quedando vacío y ella se acerca de manera inevitable a aquella nueva celda de interpretación. La bolsa le cuelga del hombro mientras le da golpes en el muslo al ritmo de sus pisadas. Ni su boca ha cambiado, ni su expresión, ni la posición de sus manos, tan solo ha ladeado un poco la cabeza para observar mejor su destino y sus nuevos alumnos.
            "...Tiene la seguridad aférrima de quien se cree que puede con todo, que obtendrá lo que quiera cuando quiera y como quiera..."
              Entran todos a clase cuando la ven llegar y ella, antes de dar el último paso, se detiene a respirar hondo.
           "Lo que ella mande y quiera."
             Deja las cosas encima de su mesa y mira durante unos instantes a los integrantes de aquel grupo. Caras irreconocibles.

-Buenos días a todos, soy...
            "Pero se acordó de demasiadas cosas en ese momento."
-...Vuestra nueva profesora de...
            "De tantas que no quería acordarse, y que a la vez le encantaban."
-Tenéis aquí el programa de la asignatura, tomad.
            "De aquellos rostros, de aquellas caras, de esa cara,..."
-Y... Recordad, los libros son obligatorios y los de la edición, que ya me ha pasado en otras ocasiones que...
             "Y sus poemas, sus palabras, sus exámenes,... un instante resumido en ella."
 -No olvidéis tampoco que los trabajos me los debéis entregar sin falta el día o antes, más tarde no los...
             "No podía evitarlo, seguía pensando en la posibilidad imposible de algo que la asqueaba y atraía a partes iguales."
-Los horarios de la asignatura son...
            "Ojalá estuviese aquí."
-Ojalá esté... estéis dispuestos a colaborar, y así nos llevaremos bien.
             "Ojalá no aparezca, ojalá quebrase esa ley silenciosa, ojalá,..."
-Es conveniente que aparezcáis por aquí y no hagáis pellas, que nos conocemos...
             "¿Y si ella estuviese justo detrás de la puerta, qué?"
-¿Qué, alguna pregunta?
             "Tan cerca, tan lejos,... tan real y tan imposible."
-Lo que me dices es de lejos imposible, aunque inténtalo.
             "Tan repulsivo y deseado..."
-Hasta el próximo día.
             "Y está allí."

         Observa a la gente salir de clase mientras se queda callada e inmóvil unos instantes. Se levanta inconscientemente y borra la pizarra que no ha manchado; respira hondo y se asoma por la puerta.
         "Y ella está allí."

-¿Qué haces aquí?

PD: Hay sueños que nos joden la noche. A mí me encanta joder las (tus) noches.

miércoles, 18 de junio de 2014

Adiala

...Del quién y del por qué..

No recuerdo el lugar
ni las últimas palabras
antes de esa especie de despedida.

No recuerdo los días
ni me gusta que pasen las semanas
sin ver ni oír lo que fue, es y será.

Hay, como redes que atrapan
que subyugan e inmovilizan
y no, no es que no me acuerde
pero no puedo ni siquiera encontrar la rima.

Me escondo, y me río de tus gracias
me trabo hablando, y sonríes (un regalo). 
Nunca las he tenido, a pesar de mi empeño,
no tengo palabras para ti.


Lo sabes, y lo sé,
te voy a extrañar, demasiado.

PD: Y solo va a quedar el silencio


sábado, 7 de junio de 2014

Anytime

Estoy segura de que no serías capaz, pero a la vez sí por llevarme la contraria.

No me preguntes, ni me interrogues, estoy harta, ¿No me ves?

Me cansan las risas, las frases que no sirven de nada, los misterios que se saben a voces, las mentiras que nos contamos para poder dormir por la noche.

Me cansas, me cansas, me cansas,... Pero no puedo llegar a cansarme.

Estoy harta de tus labios relamidos, de tus gemidos a media noche implorando por un poco de compañía, de tu orgullo y altanería, de tu imprudencia, de tus medias formas, de tu maldita sonrisa, de tus párpados ahogados.

Harta de todo esto que no puede llegar a hartarme.

Cayendo, como siempre, en la espiral en la que nos encontramos todos los días, sin sentir, ni saber lo que queremos.

"Desde la tierra hasta la morgue" se desvanece, dejando lugar a nuevos días que se imbrican de manera irremediable con todo lo que NO fuimos ( todo aquello que nunca te has planteado y que ni siquiera te ha preocupado y que yo, en cambio, me he replanteado desde que te conocí).

Sin importancia, como en cada noche, las paso imaginando lo que sería que en vez de mi cabeza pudiera hablar contigo en serio: sin fingir, sin decirte cuatro estupideces, sin excusas.

(Aunque los últimos intentos no invitan al optimismo. Por supuesto.)

Que caiga entonces el telón. No necesito decir nada más.

Va por ti, "princesa".
PD: Que nadie se alarme, 
esto es solo una alucinación


domingo, 1 de junio de 2014

Altar

"Algo sutil..."

       Estaba allí, con las manos atadas a una cuerda que colgaba del techo, de pie y vestida de nuevo. Abrió la puerta y entró, con pasos lentos e irritantes hasta ponerse a su altura, rodeándola y observándola con gran desinterés.

-¿Qué harías tú... si al despertar fuera un insecto en tu pared?- En un principio no decía nada, pero pronto empezaron esa clase de preguntas que no sabía nunca cómo responder.
-Creo que poco...

    Se acercaba hasta la oreja y seguía susurrando, soltando palabras poco a poco sin ningún tipo de intención pero marcadas con una connotación más que sádica.

-Si al despertar... siguiera allí...
-Pero nunca sigues.
-¿Querrías ver lo que yo vi?

    Una mano la rodeó por la cintura mientras la otra le ponía hacia atrás la cabeza estirándole del pelo

 "Derrota, humillación, humallización: eso es lo que vi."

     La soltó echándola al suelo en un ademán y se fue dando un portazo. Al cabo de unos instantes volvió a escucharla gemir de aquella manera tan exagerada que retumbaba por todo el edificio.
     Arrodillada aún se sentía al borde del colapso, tratando de contener las lágrimas de rabia e impotencia que se le escurrían por las mejillas. Era tan sutil, tan efímero, algo tan banal y tan insustancial...
     Algo la empujó a morder las cuerdas que la ataban, a tratar de deshacerse de ellas antes de que la otra terminase con su repertorio diario. Lo hizo con tanta ansia que no le costó mucho conseguirlo. Se levantó, tambaleándose de lado a lado en un principio al volver a ponerse de pie por sí misma después de tanto tiempo y forzó la puerta.
    En el pasillo los gemidos eran más retronadores, parecía incluso que había una especie de eco que los repetía de mil formas. Se concentró un instante para percibirlo con claridad y empezó a andar una vez lo hubo localizado por uno de los 7 pasillos que tenía delante, sin equivocarse. Su paso era lento e inseguro en un principio, tratando de asegurarse de que había tomado la dirección correcta, pero poco a poco fue apresurándolo.

-Conté hasta tres para escapar....- Dijo esto a la vez que iba caminando y quitándose la camisa que llevaba puesta.- Busqué la estela hasta un altar.- Luego se desabrochó los pantalones y trató de quitárselos mientras seguía.- Vi discutir al Yin y al Yang, apuñalarse por detrás.- Se deshizo al fin de ellos y escuchó más fuertes aquellas exhalaciones que ahora se asemejaban más a gritos desgarrados de placer y que  provenían de una puerta al final de aquel pasillo que cada vez iba haciéndose más grande.- Y oí gemir, y vi llorar.- Y otro.- Como las fieras sin domar y justo allí...- Acabó de quitarse la ropa interior casi a la altura de su destino y, una vez allí se detuvo brevemente mientras gritaba.- ¡Dormías tú, me susurraste que al despertar siguiera allí!

     De pronto los gemidos cesaron como si en verdad la hubieran escuchado, pero volvieron a ponerse en marcha, y parecía  que con más ganas que antes.

-¿Lo recuerdas? ¡Para escucharlo todo! ¡Y siempre sin confesarte el maldito modo, de ser testigo en tu puto festín!

    Acto seguido empezó a golpear la puerta mientras se rompía la voz llamándola. Una y otra vez sus manos se encontraron con aquella madera dura que paraba sus golpes pero no los puñales que eran cada sonido que salía del interior de la habitación que guardaba. Las palmas empezaron a enrojecerse y los brazos empezaron a protestarle con un dolor que le recordaba que se había pasado casi tres años atada sin apenas moverse. Pero no le importó, siguió repitiendo su nombre con todas las fuerzas que le quedaban, dejándose llevar a la vez por un lloro de niña pequeña que no hacía más que agravar su emoción.
    No se dio cuenta, pero los gemidos cesaron y la puerta se abrió cuando a penas le quedaban fuerzas para mantenerse en pie. Apareció ante ella mientras se dejaba caer, completamente vestida, impecable, sin un atisbo de cansancio. Llorando, trató de mantenerle la mirada a aquella cara que sonreía triunfante, relamiéndose los labios y observándola de arriba a abajo totalmente desnuda como iba.
     De pronto le cogió la barbilla y la levantó acercándosela a los labios, echándole el aliento en la cara y sin dejar de sonreír.

-Cariño, mi vida, idiota, ni siquiera has sido testigo.





PD: Tengo de decir que, para los que no lo sepan, parte de los diálogos están sacados de la canción "La mosca en tu pared" de Vetusta Morla, altamente recomendable.
PD2: Los exámenes hacen que escriba peor de lo que suelo hacerlo.
   
 

    


 

domingo, 18 de mayo de 2014

Iron.

-No es posible.
-Claro que lo es.
-No soy tan imbécil.
-A veces lo pareces.

     No eran las palabras que había imaginado, precisamente, para este encuentro: risas, cuatro chorradas y luego el silencio producido por las caricias. Pero nada de eso sucedió.

-Créeme, las cosas no pueden seguir así.
-Te quiero.
-De nuevo...

    Eran las repeticiones, las cosas que veía cada día la que la empujaba a cortar, en seco, todo. Lo peor era que estaba siendo más difícil de lo que creía, mucho más extenuante y cansado de lo que había planeado. Pero estaba sucediendo.

-Te prometo que haré lo que quieras.
-No.
-Me arrastraré, me arrodillaré cuando te vea, ¿Es eso lo que quieres, verdad? Yo te haré sentir como...
-¡No!

   La necesitaba, no había otra manera de definirlo, no tenía ningún modo que pudiese aproximarse tanto a la agonía que sentía cuando no la veía. Adoraba sus palabras, las tomaba como preceptos que tenía que seguir de cualquier manera y estaba dispuesta a darlo todo sencillamente por complacer cualquier mínimo capricho que le diese. La necesitaba.

-Yo, te juro que puedo hacerlo todo, pídeme lo que...
-Precisamente no quiero que ME pidas nada más.
-Por favor..

   Era insaciable: patética, una figura humillada por sí misma ante algo que no tendría. Era tan imbécil de pensar siquiera que tenía el mínimo derecho a suplicar. Recordó en aquel momento uno de sus libros: "Ella dijo no". En alguna ocasión había sentido miedo por esto, pues, temía haberse convertido en la protagonista de aquella novela tan asfixiante. Los hechos venideros junto con sus propias reflexiones le revelaron que no era así ni por asomo, que tan solo era...

-Por favor, por favor,... Lo necesito.
-Pareces una yonqui con el mono.
-¡Es que lo soy!

     Tal era el extremo, tal era la ensoñación, comparable con la de los grandes desamores que acabaron con la vida de los propios protagonistas. Una droga que mataba, que si no se deja a tiempo consume y devora hasta acabar con el ser que se sirve de ella. Trataba de hacérselo ver, pero era imposible que se diera cuenta: en los cuentos, la princesa acababa muriendo de parto o de aburrimiento.

-Sencillamente no, no tengo por qué...
-Al menos, déjame verte.
-No.

     Aquel bucle parecía no tener salida.
     Pero, de pronto, sus ojos cambiaron de expresión.  Dejó de juntar las manos en señal de súplica y las dejó caer a los lados. Agachó la cabeza, fijando su mirada, totalmente perdida, en el suelo que llegaba a estar mojado por todas las lágrimas que había derramado. No reaccionaba. Sin embargo, siguió.

-Lo necesito, mi vida, lo necesito...

    El tono pareció llegar a afectarle y llegó a sentir algo parecido a la lástima. Necesitaba cortarlo, dejarle claro que ya, que no había posibilidad. Pero no hallaba la respuesta.

-Tengo Sida.