Adicta a un dolor nuevo
a unas caricias extrañas
marcadas, infectadas,
las quiero.
Perdida entre el desprecio
y las formas conjugadas
perversas, e incluso malvadas,
de una mente de infierno.
No sé hasta dónde
ni sé hasta cuándo
durará este cielo.
No quiero pensarlo, ni saberlo,
solo quiero que este trazo
nunca llegue al fin en el que todo se rompe.
Me estás volviendo condenadamente cuerda, caro.
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