martes, 13 de noviembre de 2012

Ready?



Dante me condujo a los infiernos
y descendí los nueve círculos con él,
al final, sentado en su trono, Lucifer
sonrió, complacido y satisfecho.

Detrás de su coro de ángeles caídos
me miraba, extraño y receloso
mientras yo, observándole los ojos,
supe cuál sería mi próximo destino.

Tendida su mano me invitaba
a quedarme junto a él entre los muertos
saltarme el camino, llegar antes de tiempo.

Llorando y riendo sin percatarme
me di cuenta de qué me esperaba,
"Dame más tiempo, prometo que volveré, y entonces te daré mi alma"
 
Baila conmigo hasta que el infierno arda,
hasta que el cielo se corrompa y llueva fuego.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Angels

Definitivamente he perdido la cabeza.
       Recibir como un tiro en la sien las palabras. Dejar de respirar por unos momentos y notar que el aire te falta. El oxígeno se acaba y ni siquiera tu razón es capaz de devolverte a la realidad. Las venas te palpitan, los puños se aprietan y los dientes rechinan. Tu mirada, perdida en cualquier punto, solo muestra la clase de pensamientos que se adueñan ahora de ti. Pero no puedes gritar, no debes hacerlo, "No debes", recuerda...
     Quieres decirlo, quieres hacerlo. ¿A qué estás esperando niña estúpida?



"Are you the cancer that I can survive?"



jueves, 8 de noviembre de 2012

El cordero y la presa.

      No es diferente de cuando empezó. Y acabará de la misma forma, con tu nombre escrito con tiza sobre una pizarra. Y seré yo quién, rompiéndome a trozos, lo borre.


Distancias infranqueables
entre tierras de dominio,
guardando, en míseros alguinios,
la esperanza de que tal vez pase.

La línia invisible separa siempre
el cordero de la bestia
el predador de la presa.
el roce efímero de sus pieles.

Romperme mientras se buscan
sin dejar que veas
mi parte de miseria.

Me despedazo por dentro
casi sin acordarme de qué momento
me convertí en la presa que busca a su cordero.

Y parece ser que nos creó lo mismo.



domingo, 4 de noviembre de 2012

Lágrimas de azufre

       Salió de casa sin despedirse de nadie. Se fue al garaje y sacó su motocicleta. Después de ponerse el casco aceleró y salió disparada dirección a la carretera.
     Esa mañana se había levantado de manera extraña. Sus ojos lloraban sin motivos mientras trataba de evadirse de su mente. Imágenes, frases, sus labios, sus malditas piernas. Eran la tortura de todos los días, pero ése no podía, sin saber porque, quedarse de brazos cruzados.
     El terrible viento y la velocidad que había cogido no le permitían respirar bien. O tal vez eran los sollozos ahogados en su garganta lo que dificultaba la entrada de oxígeno. Sus pensamientos se desvanecían entre las curvas de la autopista y la melena de aquella a quién estaba dispuesta a ver costara lo que costara. Sus manos se aferraron más al manillar y aceleró de manera más contundente.
     Cogió el desvío hasta su ciudad sin bajar la velocidad. Sus ojos le pedían clemencia pero su rabia no se lo podía permitir. Ignoraba a los coches que pitaban por su conducción temeraria con una única destinación en su mente. Y no tardó en llegar allí.
     Frenó derrapando en seco y dejó el casco encima del asiento. Su voz se quebró en dos al gritar delante de su casa:

-¡¡¡Greta!!!

    Su rostro era el vivo reflejo de la demencia. Las lágrimas que le caían por las mejillas parecían hechas de azufre, ya que abrasaban su piel por dónde pasasen. La gente que pasaba por la calle la miraba con caras asustadas. Sus ojos no se fijaban en nada más que en las ventanas de su apartamento. De pronto ella salió al balcón sonriendo.

-¿Qué haces aquí?
-No me hagas subir ahí arriba.
-Pobre ¿En verdad te crees Romeo?
-No me tientes Greta.
-No me jodas Nikkita, no eres ni la sombra de ese encantador trovador.
-No soy ni su sombra porque no soy él.
-Ya claro.- Dijo sin parar de reír.- Preciosa Ícaro, ¿Por qué sigues queriendo tocar el sol?
-Porque en mi vida he estado tan segura de algo como de ésto.

      Se hizo el silencio entre las dos. La calle se había quedado vacía y solo se escuchaba el leve respirar de ambas.

-¿Y qué si tú estás segura?
-Tu corazón no es de piedra mi vida.
-No tientes a la suerte. ¿Acaso crees que conseguirás algo presentándote aquí de improvisto y sin más excusa que el reclamar algo que no te pertence?
-No se trata de que me pertenezca. Se trata de que estoy hasta los cojones de aguantar.
-Y ahora pierdes las formas. Muy común en ti.
-No me tientes, te repito. Puedo hacerte caer de tu trono tal y como te he ayudado a sentarte en él.
-Oh sí, estoy segura. Pero no eres capaz. Ni lo serás.

      
     

Y al alba era de mimbre

Y se encabrita en cuanto te oye el muy cabrón.

     Escuchar el inquietante rumor de la lluvia. Silenciar cuanto ruido hay a su alrededor y pretender fundirse con él. Querer desaparecer sin dejar rastro, sin ser recordada. Buscar el amparo de la difuminada oscuridad de las calles de una desconocida ciudad...

Sentir presión, conmoción,
hay límites infranqueables
que no debe romper el corazón.

Se aclara la confusión,
el objetivo hasta hacerse imparable
se dobla antes para romperse en dos.

Paseos sin camino entre la nada,
melodía de una simple locura
y las mil y una noches de la luna
que se esconde frente a su mirada.

Vuelve sobre lo que no es
pero no será jamás lo que quiera
ni siquiera volverá a ser lo que era
No, simplemente se fue.
 
 
Y ya sé, que estaba hasta las tetas 
de poetas de bragueta y rebolcón

viernes, 2 de noviembre de 2012

Ícaro (parte 2)

    Aterrizó tropezándose con una piedra y dándose de bruces contra el suelo. Observó los pies de la otra y luego sus ojos oscuros clavados en ella. Se levantó como pudo quitándose el polvo de su ropa.

-¿Otra vez por aquí?
-Se me acaba el viento.- Replegó sus alas y la miró aún aturdida por el golpe.
-Y vienes a verme.
-Claro, ya te lo dije.
-¿Nunca vas a aprender?
-¿Por qué llevas esa camisa?
-¡Oh dios mío! No se puede hablar contigo.
-Ni contigo. Sigues queriendo que aprenda a respetar unas normas que realmente no me importan.
-Pueden no importarte, pero están para respetarse y no eres quién para enfrentarte a ellas.

    Se paseó alrededor de ella sonriendo. Estaba recordando su efímero vuelo, en el que la imagen de su melena se asomaba a cada segundo en su mente.

-Sigo sin entender por qué no has elegido otro color para tu camisa.
-Me da igual que no lo entiendas. No eres nadie para dar tu opinión y no te la he pedido.
-Claro, para ti no. En cambio yo considero tu forma de ver semejante a la de una diosa.
-Nadie te obliga a hacerlo.
-No claro. Tan solo tu presencia.
-Eres tú quien me busca, no yo.
-Lo sé. ¿Estarías dispuesta a qué "yo" dejara de buscarte?- Preguntó con cierto sarcasmo.
-Me da exactamente igual lo que hagas.
-Muy bien.

        Se situó frente a ella y la besó. Sorprendida, la otra intentó zafarse. Cuando consiguió apartarla le dio una bofetada y le gritó:


-¡¿Se puede saber qué te pasa!?
-Has dicho que te daba igual lo que hiciera.- Dijo riendo y tocándose la mejila.
-¡Sí pero!.
-¿Pero qué?- La cortó tajante.- Mi vida, cuando me vaya, cuando me canse, porque me voy a cansar, serás la primera en recordarme. Y lo peor de todo es que por tu estúpida concepción de lo que está bien o mal junto con tu orgullo no vendrás a buscarme. -Volvió a desplegar sus alas y la rodeó con ellas.- Lo peor, es que yo también te extrañaré, más que tú a mí supongo, pero no volveré. Tienes las puertas abiertas ahora, mi vida, mi dulce y amada Greta.
-Solo sabes decir estupideces.
-Por supuesto. Y si sigues así, no tardarán en cerrarse.

    Se separó de ella extendiendo sus alas y dándose la vuelta.

-Ya sabes, volveré, como lo he hecho ahora. Te daré más tiempo. Pero mis dias aquí están contados, lo sabes. Tenlo presente, una vez me marche definitivamente no volveré.

         Sin dejar que la otra respondiese dio un salto y volvió a levantar el vuelo.

Sol navajero

Cómo no la voy a mirar...

Pedregoso camino que me impregna
que atrapa todos mis sentidos
perdidos cuando te me acercas.

Nervios y tonterías de niñez,
me desprendo de los motivos
y caigo a tus malditos pies.

Sueño con la luna y tus pieles
me acuerdo de todas tus miradas
de tus palabras jamás pronunciadas
deliciosas que siempre me hieren.

Estoy contando los meses
ahogando mis gritos en la almohada
imaginando tus caricias complicadas
que acabarán al final por romperme.

¡Qué su mirada es un tiro de sal al que osé llorar
en el bosque frutal de su libertad y de mi soledad.!