...si te traigo esta noche descalza, y te enseño con todos los labios, los matices...?
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jueves, 7 de julio de 2011
¿Qué me dices...
Había flores en su aposento, en un lugar apartado, lejos de cualquier mirada curiosa que las pudiera marchitar. Todas las noches las cogía con cuidado y las acariciaba suavemente mientras recordaba el aroma que transmitían. Ellas parecían fuertes, sin demasiado orgullo, pero erguidas siempre aunque hubiesen perdido su antiguo olor. Seguían viéndose hermosas y brillantes, pero no daban ninguna fragancia. Sabía que cualquiera que las viera las despreciaría y las tiraría en el suelo. Pero ella las guardaba secretamente como el mejor de los tesoros. Las cuidaba con esmero, con la delicadeza con la que era capaz una madre de arropar a su hija. Pensó en quién le había regalado las flores. Sonrió, antiguamente las hubiese tirado sin ningún tapujo, pero ahora las abrazaba con todo el cariño que no era capaz de expresar hacia esa persona.
miércoles, 6 de julio de 2011
WTF?
(No tiene demasiado sentido, pero ahí va)
Esperó ansiosa en la entrada del restaurante, su cita se retrasaba ya veinte minutos y le molestaba sobre manera que ocurriera éso. Intentó respirar hondo para tranquilizarse, las farolas de esa calle daban un suave tono amarillo a la noche, un color que daba la impresión de estar en una postal antigua. Levantó la cabeza mirando a ambos lados mientras veía salir gente del interior del local. No había ni rastro, ¿Dónde demonios se había metido?. Pensó que tal vez estaría en un atasco, o tal vez había tenido un accidente. Borró ese último pensamiento de su mente, no iba a ponerse en lo peor por treinta minutos de retraso. Echó un vistazo a su móvil, ni una llamada perdida ni ningún mensaje, probó en llamar pero salió el buzón de voz en respuesta. Extrañada, se impacientaba cada segundo que pasaba, miraba constantemente su reloj intentando hacer que el tiempo pasara más despacio en vano.
Una maldita hora llevaba allí plantada, muchas de las parejas que habían entrado a la misma hora que su cita empezaban a salir del restaurante. Los miraba con rabia y con enfado, muchos de ellos susurraban acerca de ella cuando se alejaban lo suficiente. Aunque la idea del accidente le volvió a la mente con más fuerza que antes. Probó llamando a su casa, pero nadie contestó. La hizo ponerse en lo peor, tenía las manos mojadas y seguramente su camisa manchada del mismo sudor, aunque poco importaba ahora, sacó las llaves de su coche y se subió a él dispuesta a recorrer el teórico camino que hubiese recorrido su acompañante.
Hizo el trayecto sin ver nada, llegando a su casa nerviosa y apunto de arrancase las yemas de los dedos de la frustración. Llamó al timbre y una voz extraña contestó, sorprendida le preguntó quién era, y este le contestó que el dueño de la casa, Enrique Maroto. Incrédula revisó los nombres de los buzones y para su sorpresa no estaba el que recordaba. Salió fuera tambaleándose de la impresión sentándose en el bordillo de la acera para no caerse. Se quitó las gafas y las limpió concienzudamente como si quitándoles la suciedad pudiese entender la absurda situación. ¿Qué demonios ocurría? ¿Dónde diablos estaba? ¿Sería solo una ilusión suya? ¿O tal vez lo había soñado? Nada tenía respuesta en el momento, y estaba francamente desesperada, se echó a llorar sin saber de que otra manera actuar. Levantó los ojos al cielo viendo la silueta de las pálidas estrellas en el firmamento, diluido en gran mayoría su brillo por la luminosa calle, aunque había una en particular que brillaba de una manera especial. La miró curiosa unos instantes y detrás de su oreja unos labios susurraron “Espero no haberte hecho esperar demasiado”
Esperó ansiosa en la entrada del restaurante, su cita se retrasaba ya veinte minutos y le molestaba sobre manera que ocurriera éso. Intentó respirar hondo para tranquilizarse, las farolas de esa calle daban un suave tono amarillo a la noche, un color que daba la impresión de estar en una postal antigua. Levantó la cabeza mirando a ambos lados mientras veía salir gente del interior del local. No había ni rastro, ¿Dónde demonios se había metido?. Pensó que tal vez estaría en un atasco, o tal vez había tenido un accidente. Borró ese último pensamiento de su mente, no iba a ponerse en lo peor por treinta minutos de retraso. Echó un vistazo a su móvil, ni una llamada perdida ni ningún mensaje, probó en llamar pero salió el buzón de voz en respuesta. Extrañada, se impacientaba cada segundo que pasaba, miraba constantemente su reloj intentando hacer que el tiempo pasara más despacio en vano.
Una maldita hora llevaba allí plantada, muchas de las parejas que habían entrado a la misma hora que su cita empezaban a salir del restaurante. Los miraba con rabia y con enfado, muchos de ellos susurraban acerca de ella cuando se alejaban lo suficiente. Aunque la idea del accidente le volvió a la mente con más fuerza que antes. Probó llamando a su casa, pero nadie contestó. La hizo ponerse en lo peor, tenía las manos mojadas y seguramente su camisa manchada del mismo sudor, aunque poco importaba ahora, sacó las llaves de su coche y se subió a él dispuesta a recorrer el teórico camino que hubiese recorrido su acompañante.
Hizo el trayecto sin ver nada, llegando a su casa nerviosa y apunto de arrancase las yemas de los dedos de la frustración. Llamó al timbre y una voz extraña contestó, sorprendida le preguntó quién era, y este le contestó que el dueño de la casa, Enrique Maroto. Incrédula revisó los nombres de los buzones y para su sorpresa no estaba el que recordaba. Salió fuera tambaleándose de la impresión sentándose en el bordillo de la acera para no caerse. Se quitó las gafas y las limpió concienzudamente como si quitándoles la suciedad pudiese entender la absurda situación. ¿Qué demonios ocurría? ¿Dónde diablos estaba? ¿Sería solo una ilusión suya? ¿O tal vez lo había soñado? Nada tenía respuesta en el momento, y estaba francamente desesperada, se echó a llorar sin saber de que otra manera actuar. Levantó los ojos al cielo viendo la silueta de las pálidas estrellas en el firmamento, diluido en gran mayoría su brillo por la luminosa calle, aunque había una en particular que brillaba de una manera especial. La miró curiosa unos instantes y detrás de su oreja unos labios susurraron “Espero no haberte hecho esperar demasiado”
martes, 5 de julio de 2011
Es un paso más...
"Si busco en los mapas
que nos dieron al llegar
me pierdo en la recta
sin brazar..."
"¿Dónde quedaron las historias de grandes caballeros que salvaban a bellas damas? ¿Dónde fue la guerrera que era dueña de su destino?"
Se quedó en el rincón pensativa, observando la gente diferente del local que bebía cómodamente sin ningún remordimiento. Repasaba sus ropas formales y sus distinguidos trajes, algunos con corbata, otros con chaqueta y camisa de seda, muchos con el cigarro encendido consumiéndose lentamente en sus vacías bocas. Hablaban de temas diversos, desde política y la situación actual del país hasta los últimos resultados de su equipo favorito de fútbol. Algunos incluso tenían charlas de lo más interesantes sobre temas filosóficos y divagaciones personales que pretendían exponer ante sus compañeros de mesa. Ella sorbió un poco más de su gintónic y pidió a la camarera que le trajera un vaso lleno de tequila. La anterior bebida se le quedaba corta para tranquilizar sus pensamientos. Acostumbrada a la escena, encendió otro cigarrillo contribuyendo a la espesa niebla que se había instalado en el local. La música, a un volumen audible y que no molestaba, daba un ambiente íntimo a los clientes que pretendían tener una velada agradable. Ella en cambio, pretendía olvidar un nombre de su cabeza, un maldito nombre y un maldito rostro grabados a fuego en sus memorias.
La camarera le dio el tequila y se lo bebió de un solo trago. Ésta la miró extrañada pero se fue sin decir nada. Se acomodó un poco en la incómoda silla y divagaba en momentos, frases o palabras clave para llegar a entender como se encontraba en esa situación. Sus ojos se cerraron al recordar su sonrisa y mordió sus labios al volver a tener en la mente sus piernas. Se sentía sucia cuando fantaseaba de esa forma, pero había acabado por acostumbrarse. Abrió los ojos y los detuvo en un chico que tendría más o menos su edad que no dejaba de mirarla. Sonrió forzosa, sin ganas apenas, pero él lo interpreto como una invitación a que se acercara y se sentara a su lado. Ella volvió la vista al humo que desprendía su cigarro, le dio otra calada y esperó paciente a que el chico se sentara y le formulara cualquier pregunta estúpida para empezar una conversación. En su mente una pregunta no dejaba de retumbar “¿La gente no percibe los sentimientos de los demás?”. Poco importaba ya, el chico había pronunciado la pregunta estúpida y no tenía otra salida. Intentó tomárselo con filosofía, al menos estaría alejada de su recuerdo por unas míseras horas.
que nos dieron al llegar
me pierdo en la recta
sin brazar..."
"¿Dónde quedaron las historias de grandes caballeros que salvaban a bellas damas? ¿Dónde fue la guerrera que era dueña de su destino?"
Se quedó en el rincón pensativa, observando la gente diferente del local que bebía cómodamente sin ningún remordimiento. Repasaba sus ropas formales y sus distinguidos trajes, algunos con corbata, otros con chaqueta y camisa de seda, muchos con el cigarro encendido consumiéndose lentamente en sus vacías bocas. Hablaban de temas diversos, desde política y la situación actual del país hasta los últimos resultados de su equipo favorito de fútbol. Algunos incluso tenían charlas de lo más interesantes sobre temas filosóficos y divagaciones personales que pretendían exponer ante sus compañeros de mesa. Ella sorbió un poco más de su gintónic y pidió a la camarera que le trajera un vaso lleno de tequila. La anterior bebida se le quedaba corta para tranquilizar sus pensamientos. Acostumbrada a la escena, encendió otro cigarrillo contribuyendo a la espesa niebla que se había instalado en el local. La música, a un volumen audible y que no molestaba, daba un ambiente íntimo a los clientes que pretendían tener una velada agradable. Ella en cambio, pretendía olvidar un nombre de su cabeza, un maldito nombre y un maldito rostro grabados a fuego en sus memorias.
La camarera le dio el tequila y se lo bebió de un solo trago. Ésta la miró extrañada pero se fue sin decir nada. Se acomodó un poco en la incómoda silla y divagaba en momentos, frases o palabras clave para llegar a entender como se encontraba en esa situación. Sus ojos se cerraron al recordar su sonrisa y mordió sus labios al volver a tener en la mente sus piernas. Se sentía sucia cuando fantaseaba de esa forma, pero había acabado por acostumbrarse. Abrió los ojos y los detuvo en un chico que tendría más o menos su edad que no dejaba de mirarla. Sonrió forzosa, sin ganas apenas, pero él lo interpreto como una invitación a que se acercara y se sentara a su lado. Ella volvió la vista al humo que desprendía su cigarro, le dio otra calada y esperó paciente a que el chico se sentara y le formulara cualquier pregunta estúpida para empezar una conversación. En su mente una pregunta no dejaba de retumbar “¿La gente no percibe los sentimientos de los demás?”. Poco importaba ya, el chico había pronunciado la pregunta estúpida y no tenía otra salida. Intentó tomárselo con filosofía, al menos estaría alejada de su recuerdo por unas míseras horas.
Bella
Encontré el color
en una mañana gris,
encontré el olor
en un flor marchita.
Vi un cielo azul
en una paisaje negro,
vi una vida latente
al lado de un ataud.
Descubrí un nuevo lugar
en el antiguo imperio de la soledad,
descubri un nuevo lenguaje
a la luz de viejos escritos.
Busqué la tranquilidad
en una película de terror,
busqué la verdad
en una maldita religión.
Detuve el tiempo
para observar sin intención
las cosas que han ido pasando
y saliendo de mi interior.
Detuve un momento las horas
solo unos segundos,
para contemplar sin apuro
que realmente, eres hermosa.
martes, 28 de junio de 2011
Don't cry...
Sintió por un momento que las costillas se le expandían, como las venas palpitaban y sus párpados parpadeaban de manera automática. Su respiración, fuerte y contundente, la preparaba para lo que estaba por venir...
En la caja escondía
todo cuanto la consumía,
en la caja encerraba
sus peores retratos.
En el trastero guardaba
las memorias de su diario,
en el trastero encadenaba
el presente odiado.
En las mañanas se levantaba,
de nuevo con la máscara en su cara,
un día más de actuación.
Sus relatos ocultaba,
disfrazaba e interpretaba,
nadie la podía reconocer.
Entre metáforas se perdía,
y en sus pasos no se distinguía
el recuerdo del ayer.
Un signo de interrogación
pintado en la pared,
de nuevo la exclamación
al no saber que responder.
miércoles, 8 de junio de 2011
Estrellas
Tomé de mis riendas
la cuerda que me ataba
para sujetarme de pie
y permanecer sin ellas
¿Dónde fueron las estrellas?
¿Dónde fue su resplandor?
¿Dónde fue su guía precisa
cuándo lo reclamaba el corazón?
Cuentas cada una que se apaga
no les das importancia a las que brillan
y siguen sin parecerte suficiente
Por más años que pasaran,
seguirás coleccionando las muertas,
vivirás en su recuerdo
y seguirás a su reflejo sujeta
Arriba, izquierda, derecha, abajo...
Cada compuerta se abre ante tus ojos, ninguna de ellas es lo suficientemente fuerte como para permanecer para siempre cerrada. Puertas y más puertas tapiadas para no ser abiertas jamás. Pocos candados... demasiado pocos... Cada puerta que se abre, cada compuerta, muestra un lugar más siniestro y húmedo que el anterior, humedad provocada por las lágrimas que quisiste derramar en su momento y no pudiste y que se concentraron en sitios cada vez más profundos.
La oscuridad en la que estás ahora sumida te empuja a no seguir adelante, aunque obligada, tus más profundos miedos están a punto de salir y todas las pesadillas que un día enterraste se vuelven a mostrar como visiones ante tus ojos, haciendo el pasado más que presente y demostrando que la arena con que enterraste aquellas viejas heridas ahora escuece, y mucho además.
Más profundo, casi no puedo ver nada, casi no puedo recordar nada, pero la sensación sigue ahí sin que pueda evadirla. Hoy intento escrutar en mis recuerdos y memorias para volver a echar la luz que hace tanto tiempo escapó de aquel infierno y poder borrar de esta forma de una vez y por todas los sentimientos y tormentos que invaden mi mente en su día a día.
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