domingo, 10 de julio de 2011

Kuroi namida...

Ellos la miraban fríamente, de una forma que asustaría, sus ojos ya no podían reflejar el cariño fraternal que antes mostraban delante de todos...

Le caían en silencio,
lágrimas de desprecio,
una crueldad que superaba los límites del entender...

Llevaba noches sin conciliar el sueño
mientras las mejillas empapadas,
en su mente se conjuraban horribles promesas...

No había nadie que la escuchara,
ella seguía en la oscuridad
escondida para que no se percataran,
sabía que si la descubrían sería peor.

Tenía el sabor amargo en su paladar,
la culpa cargada en su corazón
en sus ojos la desesperación,
estaba condenada a no ser aceptada,
ya no... demasiado tarde para ello...

sábado, 9 de julio de 2011

30 minutes...


"Recuerdo tus labios,
y esos ojos que al mirar casi hacen daño!"

      Siempre en la misma habitación, el mismo lugar de siempre para componer o escribir cualquier cosa que se le pase por la cabeza. Hoy no hay terceras personas, hoy no hay micro relatos o letras que cuenten una emoción. Hoy solo pide unos minutos para desahogar su sentimiento más interno, que aunque nunca escondido, siempre lo ha negado. Ella, quién duramente la trata con la misma frialdad como si se tratase de cualquiera; ella, quién duramente acomete sin darse cuenta contra su autoestima.
       No deja de pensar y pensar, intentar convencerse a si misma que sería una locura, aunque muy propia de ella, ya que nunca ha sentido ni el mínimo respeto por la "moral" cristiana ni por la opinión contraria de sus padres. Se sentía bloqueada, como si no pudiera avanzar ni retroceder, como si no pudiese recordar ni olvidar. En su alma sentía el peso del amor como la peor de las culpas, y sabía que nunca podría salir bien algo así, por ello se consolaba con fantasear o soñar con su amor secreto sintiéndose avergonzada cada vez que lo hacía.


"30 minutes to whisper your name
30 minutes to shoulder the blame
30 minutes of bliss, 30 lies
30 minutes to finally decide"

Angels call your name...

Plumas en su espalda,
brillo en sus ojos,
sueños de grandeza
a la orden de un vil señor.

Sacrificando su existencia,
les prometen vírgenes eternas
paraísos repletos de nubes,
el Edén de la felicidad.

Agarrados a su efímera esperanza,
rezan por despertar
en el prometido lugar.

jueves, 7 de julio de 2011

¿Qué me dices...

     Había flores en su aposento, en un lugar apartado, lejos de cualquier mirada curiosa que las pudiera marchitar. Todas las noches las cogía con cuidado y las acariciaba suavemente mientras recordaba el aroma que transmitían. Ellas parecían fuertes, sin demasiado orgullo, pero erguidas siempre aunque hubiesen perdido su antiguo olor. Seguían viéndose hermosas y brillantes, pero no daban ninguna fragancia. Sabía que cualquiera que las viera las despreciaría y las tiraría en el suelo. Pero ella las guardaba secretamente como el mejor de los tesoros. Las cuidaba con esmero, con la delicadeza con la que era capaz una madre de arropar a su hija. Pensó en quién le había regalado las flores. Sonrió, antiguamente las hubiese tirado sin ningún tapujo, pero ahora las abrazaba con todo el cariño que no era capaz de expresar hacia esa persona.

...si te traigo esta noche descalza, y te enseño con todos los labios, los matices...?

miércoles, 6 de julio de 2011

WTF?

(No tiene demasiado sentido, pero ahí va)

     Esperó ansiosa en la entrada del restaurante, su cita se retrasaba ya veinte minutos y le molestaba sobre manera que ocurriera éso. Intentó respirar hondo para tranquilizarse, las farolas de esa calle daban un suave tono amarillo a la noche, un color que daba la impresión de estar en una postal antigua. Levantó la cabeza mirando a ambos lados mientras veía salir gente del interior del local. No había ni rastro, ¿Dónde demonios se había metido?. Pensó que tal vez estaría en un atasco, o tal vez había tenido un accidente. Borró ese último pensamiento de su mente, no iba a ponerse en lo peor por treinta minutos de retraso. Echó un vistazo a su móvil, ni una llamada perdida ni ningún mensaje, probó en llamar pero salió el buzón de voz en respuesta. Extrañada, se impacientaba cada segundo que pasaba, miraba constantemente su reloj intentando hacer que el tiempo pasara más despacio en vano.
     Una maldita hora llevaba allí plantada, muchas de las parejas que habían entrado a la misma hora que su cita empezaban a salir del restaurante. Los miraba con rabia y con enfado, muchos de ellos susurraban acerca de ella cuando se alejaban lo suficiente. Aunque la idea del accidente le volvió a la mente con más fuerza que antes. Probó llamando a su casa, pero nadie contestó. La hizo ponerse en lo peor, tenía las manos mojadas y seguramente su camisa manchada del mismo sudor, aunque poco importaba ahora, sacó las llaves de su coche y se subió a él dispuesta a recorrer el teórico camino que hubiese recorrido su acompañante.
      Hizo el trayecto sin ver nada, llegando a su casa nerviosa y apunto de arrancase las yemas de los dedos de la frustración. Llamó al timbre y una voz extraña contestó, sorprendida le preguntó quién era, y este le contestó que el dueño de la casa, Enrique Maroto. Incrédula revisó los nombres de los buzones y para su sorpresa no estaba el que recordaba. Salió fuera tambaleándose de la impresión sentándose en el bordillo de la acera para no caerse. Se quitó las gafas y las limpió concienzudamente como si quitándoles la suciedad pudiese entender la absurda situación. ¿Qué demonios ocurría? ¿Dónde diablos estaba? ¿Sería solo una ilusión suya? ¿O tal vez lo había soñado? Nada tenía respuesta en el momento, y estaba francamente desesperada, se echó a llorar sin saber de que otra manera actuar. Levantó los ojos al cielo viendo la silueta de las pálidas estrellas en el firmamento, diluido en gran mayoría su brillo por la luminosa calle, aunque había una en particular que brillaba de una manera especial. La miró curiosa unos instantes y detrás de su oreja unos labios susurraron “Espero no haberte hecho esperar demasiado”

martes, 5 de julio de 2011

Es un paso más...

"Si busco en los mapas
que nos dieron al llegar
me pierdo en la recta
sin brazar..."

"¿Dónde quedaron las historias de grandes caballeros que salvaban a bellas damas? ¿Dónde fue la guerrera que era dueña de su destino?"

    Se quedó en el rincón pensativa, observando la gente diferente del local que bebía cómodamente sin ningún remordimiento. Repasaba sus ropas formales y sus distinguidos trajes, algunos con corbata, otros con chaqueta y camisa de seda, muchos con el cigarro encendido consumiéndose lentamente en sus vacías bocas. Hablaban de temas diversos, desde política y la situación actual del país hasta los últimos resultados de su equipo favorito de fútbol. Algunos incluso tenían charlas de lo más interesantes sobre temas filosóficos y divagaciones personales que pretendían exponer ante sus compañeros de mesa. Ella sorbió un poco más de su gintónic y pidió a la camarera que le trajera un vaso lleno de tequila. La anterior bebida se le quedaba corta para tranquilizar sus pensamientos. Acostumbrada a la escena, encendió otro cigarrillo contribuyendo a la espesa niebla que se había instalado en el local. La música, a un volumen audible y que no molestaba, daba un ambiente íntimo a los clientes que pretendían tener una velada agradable. Ella en cambio, pretendía olvidar un nombre de su cabeza, un maldito nombre y un maldito rostro grabados a fuego en sus memorias.
    La camarera le dio el tequila y se lo bebió de un solo trago. Ésta la miró extrañada pero se fue sin decir nada. Se acomodó un poco en la incómoda silla y divagaba en momentos, frases o palabras clave para llegar a entender como se encontraba en esa situación. Sus ojos se cerraron al recordar su sonrisa y mordió sus labios al volver a tener en la mente sus piernas. Se sentía sucia cuando fantaseaba de esa forma, pero había acabado por acostumbrarse. Abrió los ojos y los detuvo en un chico que tendría más o menos su edad que no dejaba de mirarla. Sonrió forzosa, sin ganas apenas, pero él lo interpreto como una invitación a que se acercara y se sentara a su lado. Ella volvió la vista al humo que desprendía su cigarro, le dio otra calada y esperó paciente a que el chico se sentara y le formulara cualquier pregunta estúpida para empezar una conversación. En su mente una pregunta no dejaba de retumbar “¿La gente no percibe los sentimientos de los demás?”. Poco importaba ya, el chico había pronunciado la pregunta estúpida y no tenía otra salida. Intentó tomárselo con filosofía, al menos estaría alejada de su recuerdo por unas míseras horas.

Bella

Encontré el color
en una mañana gris,
encontré el olor
en un flor marchita.

Vi un cielo azul
en una paisaje negro,
vi una vida latente
al lado de un ataud.

Descubrí un nuevo lugar
en el antiguo imperio de la soledad,
descubri un nuevo lenguaje
a la luz de viejos escritos.

Busqué la tranquilidad
en una película de terror,
busqué la verdad
en una maldita religión.

Detuve el tiempo
para observar sin intención
las cosas que han ido pasando
y saliendo de mi interior.

Detuve un momento las horas
solo unos segundos,
para contemplar sin apuro
que realmente, eres hermosa.