lunes, 16 de enero de 2017

Sencillez en desnatura

Nadie lo dijo
pero nadie
se atreve,
la sencillez
a veces
es insoportable.

El justo medio
hace tiempo que
se aprendió
que nunca iba a ser
posible.

Dicen 
"te quiero"
y yo solo siento
el peso
de los gritos.

Quiero, pues,
dejar constancia
de mi desnatura:
soy quien soy
por el hierro candente
que llevo en el pecho.


Nos creímos a salvo
¿De qué?
¿Del terror de años
en una habitación "cuatro por cuatro"?
La habitación, escucha, se lleva siempre dentro.

jueves, 12 de enero de 2017

Shiekari


El regusto
siempre es el mismo
(aunque el teatro
quiera cambiar
la representación).

Dices "siempre
ese sitio,
ese momento;
temas diferentes".

Y proliferan
mientras
espinas que no
me quitan el ansia;
cuesta,
la verdad, es que cuesta

Pero la ecuación
acaba siendo
un círculo
vicioso:
a más horas
más tiempo se necesita.

Si a mí me resulta raro
a ti, aún más:
"Shekh ma shiekari anni"




lunes, 9 de enero de 2017

La cabeza del Bautista

Una mano
desliza sobre
el gotelé
de paredes
escarchadas.

Un cúmulo
de
metamorfosis y de
generaciones espontáneas
que
nos hacen creer
que no somos
ni la sombra
de lo que prometimos.

El tiempo
no cura nada;
tan solo recrudece las consecuencias
de un sombrero mal
puesto.

La pulsión,
entonces,
se desboca:
demasiado daño,
demasiadas mentiras,
demasiado dolor;
demasiadas idioteces.

A veces
es inevitable sentirse
como Salomé bailando
a la cabeza cortada
de Juan el Bautista.

Nadie supuso
el contexto final
de embarazo de riesgo;
cada vez, es más fácil
sonreír(le).

lunes, 26 de diciembre de 2016

De epílogos van las bromas

Final:
no sé 
cuándo;
pero nos mantendremos
en contacto.

...

Epílogo I:
sonrisas
que
esconden
perversiones a
escala
pequeña.

Epílogo II:
misivas que
dijeron cosas que
no eran
lo que no
querían
decir
(los malentendidos
que siempre son
divertidos).

Epílogo III:
música
que acompañe
la deriva
de encontrarse
sin quererlo
("nos-me" he
equivocado).

Epílogo IV:
assolutamente
tutto è estato
un tremendo
errore.

Epílogo V:
nadie diría
que al final
el género
es más gilipollas
que sus discusiones.

Epílogo VI:
hemos exigido
demasiado;
ni desaparezco
ni me puedes
mantener
lejos.

Epílogo VII:
toca aprender
vicios nuevos;
pasemos a la práctica,
la teoría
está muy vista
(siga sin comprender
una puta mierda).

Epílogo VIII:
pisemos 
los mismos
terrenos
en tiempos distintos
(pero no demasiado,
no sea cosa
que se nos vuelva
a olvidar).

Epílogo IX:
recuerde,
no es por joder,
pero ahí lo tiene
por si se le ocurre
que puede
mirar
a otro lado.

...

Epílogo MCL:
creo 
que como broma
pasa un poco
de castaño
oscuro;
me mudo a Marte.


Como un eco reverberando
por el paso de los segundos,
nadie entiende nada
y yo menos.


PD: Si lo lees, ya sabes, sigue no "leyéndome".
PD2: Si contestas, será más divertido, que esto está soso. Y es Navidad.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Nadal

A veces
el final
oscila entre
tristeza y
felicidad.

Se vuelve otro
"día raro"
que compensa
prácticamente
todo lo anterior.

A pesar de 
las mil y una
incógnitas que 
se convierten en vicios
auto-complacientes;
nos acostumbramos
a ello.

Demasiados frentes
que se acaban cerrando;
resignados, olvidados,
dispuestos en
círculo inconsciente
a punto de despegar.

A veces
el pasado vuelve
para reconciliarte con otro
(aun sin nada que ver)
y recordarte
que no hay nada más precioso
que el hecho de que
se acuerden de ti.


Quedan muchos regalos
aún en el tintero.
Gracias y
feliz Navidad.




domingo, 27 de noviembre de 2016

Tiempo al tiempo

A veces
desparecen
telas que
cubren
frases sin
pudor.

Atragantándose
y
refiriendo las últimas palabras
que nunca tuvieron
demasiado que ver.

Como un foso
que se va abriendo
en forma de
garganta ahogada.

Ya no me salen
casi
ni las palabras;
será cuestión de 
empezar a madurar.

Como si la vejez
se midiera en sílabas:
"diga menos, 
resígnese más".






martes, 8 de noviembre de 2016

Co-incidencias

       Dejó las gafas en el escritorio encima de los papeles y se fregó la cara insistentemente para tratar de despejarse. Recostó la espalda sobre el asiento y suspiró largamente; hacía rato que notaba una ligera molestia en la frente y sabía que tarde o temprano le iba a volver a dar otra jaqueca. Parecía como si tuviese que venir siempre anunciada por un largo preludio de empañamiento mental para luego hacer acto de presencia por todo lo alto. Trató de tranquilizarse, no quería volver a tomarse la medicina y quería intentar paliar ella misma, o resistir al menos, los efectos de la neuralgia; en parte porque si se tomaba la medicina la tarde acabaría dado que tendría que acostarse hasta dios sabe cuándo. Empezó a agitarse su respiración con el primer pinchazo y casi automáticamente cerró los ojos apresuradamente como si tratara de protegerse de algo externo. Se agarró a la silla con insistencia y trató de mantener la calma que se había propuesto. 

       Seguía viendo aquella marabunta de textos que presentaba la pantalla de su portátil cuando lo empezó a notar: un pinchazo intenso le había atravesado, sin aviso, la cabeza como si le hubiesen clavado un aguijón ardiente. Apartó el teclado y se tumbó en la cama: parecía estar dándole una migraña y que el detonante podía ser, seguramente, la carga de trabajo que había tenido durante la tarde. Nada había anunciado su presencia pero allí estaba; descargando una aguja sobre su sien que poco a poco notaba descender hasta los ojos y luego expandirse hasta el centro de su cabeza. Empezó a sentir náuseas

      Empezó a sentir náuseas a la vez que a maldecirse por no haberse tomado la medicación antes. Ahora tendría que hacer el esfuerzo de levantarse para coger esa pastilla que acababa tanto con la migraña como con ella, al menos por un par de horas. Trastabilló un poco hasta llegar a la mesa donde las había dejado al llegar del trabajo, ya que prácticamente no podía ni abrir los ojos. Tomó una de las pastillas y se la tragó sin agua; no se creía capaz de llegar hasta la cocina. Se echó en el sofá y trató de reprimir las arcadas que empezaba a sentir ascender por su garganta en forma de tos, mientras se maldecía por no haberse dejado un cubo al lado. La pastilla tardaba en hacer efecto y su estómago parecía

      Parecía haberse revelado en un arrebato de angustia, bilis trabada y pequeños impulsos en su esófago. Estaba claro que tenía que levantarse de la silla y llegar al baño antes de que dejase su habitación perdida. Trató de imponerse al mareo y se levantó apoyada en la pared de enfrente, trastabillando y dándose con todos los objetos que encontraba a su paso. Cuando consiguió llegar al baño, la saliva se le había convertido casi en una pasta que no conseguía mantener a raya. El primer intento fue fallido pero el segundo 

     El segundo consiguió desviarlo fuera del sofá hacia el suelo, pero por suerte tampoco salió nada. Se sentía cada vez más pequeña y notó que un par de lágrimas le resbalaban por las mejillas a causa de las arcadas. Aunque pronto sintió

     Sintió que todo se le adormecía, le pesaban aún más los ojos y tuvo que apoyar la cabeza contra la taza del váter. Hizo el esfuerzo de levantarse pero sentía su cuerpo adormecerse, motivo por el que le costó incluso más llegar a la habitación. Se tiró en la cama boca abajo

     Se puso boca abajo en el sofá tratando de contener los últimos intentos de su estómago de echar la comida a perder. El sueño cada vez iba ganando más y más terreno y la jaqueca parecía quedar en atrás. Casi se estaba dejando llevar por el sopor, dejando a un lado el dolor que parecía haber pasado a un segundo plano. Solo trataba ya

    Solo trataba ya de dormir, era la única alternativa que parecía haberle quedado, aunque eso significase echar a perder el resto de la tarde. Aquella repentina modorra no hacía más que acrecentarse, casi como se se hubiese tomado un somnífero

      Un somnífero que la dejaba fuera de juego. Seguía tosiendo y sintiendo náuseas, pero el dolor se alejaba lentamente. Cerró los ojos con más fuerza

     Y consiguió

     Dormirse.


(Se rompe)

      Seguían hablando a pesar de ser las 12 de la noche de un domingo; como si quisieran dilatar el momento de descanso al máximo o, al menos, vivirlo conscientemente. Él le besó el cuello de repente y, sin querer, ella se sobresaltó. Giró la vista hacia su boca y correspondió la llamada, aún con la respiración agitada. Se dejó caer sobre el borde del sofá sin separar su boca, aferrándose al borde para no caerse y tratando de deshacerse del mando que aún sostenía desde que había apagado el televisor. El olor que desprendía

     El olor parecía no tener dueño: había llegado de repente mientras acababa de revisar su correo y no era capaz de reconocerlo. Pensó en alguien de su familia, pero no recordaba que nadie utilizase esa... ¿colonia? No sabía si podía llamarlo como tal, pero pertenecía a un hombre; además, a esas horas todos deberían estar durmiendo en casa. Se asomó por la puerta para comprobar que, efectivamente, no había nadie despierto y volvió a cerrar la puerta

    Volvió para cerrar la puerta de la habitación. Se echó sobre la cama ya con poca ropa y esperó a que él volviera del baño. Cuando se dejó caer, se agarró a él con insistencia; casi como si se le fuera a escapar en cualquier momento. Tuvo el impulso de arañar su espalda, pero solo se quedó en un leve apretón a sus hombros. Sin ser casi consciente, se había ido quedando sin prendas que

     Sin prendas que la cubriesen. Impulsada por el olor, se había ido quitando la ropa para comprobar si salía de alguna de las prendas, pero no era así. Sin embargo, el olor parecía disiparse lentamente, como si la persona, el objeto se hubiera marchado. Respiró aliviada pero entonces lo volvió a sentir y tuvo que echarse sobre la cama para tratar de contenerlo entre sus fosas nasales. Sin querer, había abierto

     Había abierto las piernas como otro acto inconsciente; su respiración se había estado acelerando poco a poco hasta llevarla al estado justo en el que controlaba mínimamente sus impulsos. Cerró los ojos y se dejó contaminar por las embestidas

     Por las embestidas de aquel aroma. Casi no podía contener el aliento y poco a poco se había ido retorciendo por la cama hasta quedarse boca abajo. Su mente era una lucha constante por mantener la calma y tratar de encontrar el foco; pero no podía

      Pero no podía seguir conteniéndose; separó más las piernas y se permitió clavarle las uñas y los dientes

      Y los dientes a la almohada. No sabía cómo

      pero había

      llegado.


(Se ha roto)



Como si 
las líneas se estrecharan
y los caminos se
acercaran hasta
volverse perfectamente
paralelos.

Paradojas.