miércoles, 16 de abril de 2014

Abismal

       Se resbalan por los cristales de las ventanas. Las gotas siguen deslizándose por los dedos que juegan y se desviven por un tacto que no recuerdan, en parte, porque nunca ha existido. Te mojas la piel con instinto prematuro, y te das cuenta de que no es más que eso: un líquido insignificante que te recorre pero que, sin que pueda creerse, es necesario para la vida.


Viaja como ensucia
dentro de la absurda 
ecuación de las argucias.

Entrega como suyas
a la misma intención burda
versos cargados de lujuria.

No se niegan, ni se afirman
las palabras que no salieron 
ni las que se dijeron ( qué remedio),
sencillamente calla cuando mira

A los pasos, a las piernas
que no miden el impacto
de radio más allá de lo acordado
y de espinas siempre tiernas.

No fue la Torre de Babel
ni la caída de Troya,
por eso, llegaron las horas
y ella se prostituyó con el ayer.

 
PD: Hay veces que sueltas frases sin pensar. Entre otras muchas motivaciones que pueden impulsar a alguien a escribir, hay una que se vuelve sublimente cruel: inmortalizar aquello en lo que no existimos, a pesar de no tener ni medios ni modo para hacerlo en verdad, pero con la esperanza de que perdure más allá de su vida terrena. Sueños de locos.

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